Venía de un lugar en el que todo es lo que parece. El grafiti de la pared de la esquina no era el grito romántico de un pintor urbano que quería que su verdad perdurase; en los pisos de los edificios de ladrillo caravista no vivían héroes derrotados por el paso del tiempo. La luz que caía sobre los parques en las tardes de otoño era igual que la luz que caía sobre los parques en las tardes de primavera; sólo la noche detenía aquella condena de instantes consecutivos que llamamos día para crear la ilusión de un final que no existía.