sábado, 4 de julio de 2015
El cansancio...
...le había arrastrado hasta la pantanosa orilla de su sudorosa cama. Su cuerpo, retorcido y pesado, se hundía en los blancos médanos de sal de las sábanas que cambiaban dócilmente de forma con cada agitación de sus miembros. La noche, cómplice omnipresente, aprovechaba la impunidad con la que ejercía su reinado para cometer el mismo hurto de todos los días. Con silenciosa y mecánica calma, a cada exhalación drenaba el sueño de su cuerpo e insuflaba el vacío de sus pulmones con olvido. Aquella noche, sin embargo, un brusco despertar abortó la tarea y le obligó a saltar de la cama. Las piernas le escocían, como si un insecto le recorriese toda la piel y se la aguijoneara. Se golpeó las piernas incesablemente, casi con una determinación frenética, pero no consiguió que el dolor cesara. Anduvo a oscuras por el pasillo y se dirigió a tientas hasta la puerta. Al abrirla, pudo ver como el picor de piel, convertido ahora en un ácido vapor, salía de sus poros y se disipaba en el aire de la noche. Cuando alzó la vista, comprendió que todo aquello no era sino parte de un plan para embrujarlo, para que elevara sus ojos al cielo y dejara que una noche preñada de estrellas se le colara entre las pestañas y le dejara ciego de belleza.
Las persianas de su cuarto...
...,que habían soportado tenazmente el ataque inapeable del sol matutino, permitían pasar una luz ya vencida que dejaba la casa sumida en una queda penumbra. El ruido de las aspas del ventilador en la habitación de su hermana, que marcaba la cadencia de la vida en aquella zona de la casa, le permitía esbozar mentalmente tumbado en su cama el giro incesante de noventa grados con que el que removía la sofocante humedad que emanaban las paredes. Los breves y pesados pasos de su madre en la cocina, colocando con cuidado y timidez la vajilla recién fregada en los armarios, completaban la sinfonía cotidiana que producía la vida en la casa a aquella hora de la tarde. De haberlo sabido en aquel momento, se habría dado cuenta de que, jamás como entonces, volvería a hallar esa paz.
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