sábado, 7 de marzo de 2015
Tras varios impulsos...
...en los que sólo había conseguido que las uñas se le rompieran contra las romas aristas de la tierra seca y cuarteada, los dedos, que hasta el momento no habían conseguido remover más que un poco de arenisca, cedieron al desánimo y comenzaron a entumecérsele. A medida que arañaba desesperadamente la tierra seca en busca de una conclusión, la piel se cubría de una espesa capa blanquecina y un polvo sofocante se colaba entre sus pestañas y fosas nasales. Notaba el gusto áspero del polvo seco en la boca de la garganta: la tos era inminente. Cuanto mayor era el deseo de seguir cavando la tierra, mayor resultaba la frustración por seguir cavando. Durante un instante pensó en claudicar, en admitir que la derrota era parte de la naturaleza humana y ceder ante el dolor de los nudillos ensangrentados. El clímax se había prolongado tanto que la transcendencia del momento era insoportable.
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