sábado, 4 de julio de 2015
Las persianas de su cuarto...
...,que habían soportado tenazmente el ataque inapeable del sol matutino, permitían pasar una luz ya vencida que dejaba la casa sumida en una queda penumbra. El ruido de las aspas del ventilador en la habitación de su hermana, que marcaba la cadencia de la vida en aquella zona de la casa, le permitía esbozar mentalmente tumbado en su cama el giro incesante de noventa grados con que el que removía la sofocante humedad que emanaban las paredes. Los breves y pesados pasos de su madre en la cocina, colocando con cuidado y timidez la vajilla recién fregada en los armarios, completaban la sinfonía cotidiana que producía la vida en la casa a aquella hora de la tarde. De haberlo sabido en aquel momento, se habría dado cuenta de que, jamás como entonces, volvería a hallar esa paz.
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