...del pasillo se reflejó en su identificación cuando cruzó el umbral de la puerta de su despacho. El aire enviciado y casi líquido de las estancias del campamento, clausurado y exento de ventilación externa para combatir las bajas temperaturas de fuera, atravesó su nariz como la cera derretida acaricia los bordes mantecosos un cirio. Una mampara cristalina e incandescente le cubría la capa exterior del globo ocular, provocando que un destello vidrioso se adivinara en sus ojos azules inflamados de miedo.
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