martes, 5 de julio de 2016
Todavía me pregunto...
Todavía me pregunto cuál sería aquella hora de la noche. No había nada alrededor salvo un vacío opaco y oscuro, una eternidad comparable sólo al hermetismo de un párpado que se vence a la narcosis más profunda. Parecía que nos habíamos colado en una hora intermedia, una hora vedada al ojo humano que nos había dejado entrar divertida por nuestra inconsciencia. Jamás olvidaré la cara del hombre que me acompañaba, una cara que adoptaba mil formas inconclusas y que aquella noche infinita e irrespirable se negaba a mostrarme. La tierra bajo nuestros pies cambiaba a cada paso: unas veces, los dedos se hundían en la tierra fangosa y derretida de lo que sin ninguna duda era un manglar; unos pocos pasos más allá la gravilla punzante se movía caprichosa bajo nuestros pies desnudos encendidos de dolor. Se había desatado un carrera furiosa entre el miedo que nos latía en las sienes y la velocidad de nuestros pasos, nos movíamos poseídos por una voluntad alucinada que nos guiaba cada vez más adentro de aquel sueño interminable.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario