miércoles, 12 de abril de 2017

Saludó al aire...

Saludó al aire y el aire, imitando su voz, le devolvió el saludo desde un punto indefinido del mundo.

Alzó una copa imaginaria y brindó por todos los que habían fracasado.

domingo, 5 de marzo de 2017

Venía de un lugar...

Venía de un lugar en el que todo es lo que parece. El grafiti de la pared de la esquina no era el grito romántico de un pintor urbano que quería que su verdad perdurase; en los pisos de los edificios de ladrillo caravista no vivían héroes derrotados por el paso del tiempo. La luz que caía sobre los parques en las tardes de otoño era igual que la luz que caía sobre los parques en las tardes de primavera; sólo la noche detenía aquella condena de instantes consecutivos que llamamos día para crear la ilusión de un final que no existía.

jueves, 12 de enero de 2017

La campana de la iglesia tocaba a muerto

La campana de la iglesia tocaba a muerto. Una acidez borrosa cargaba el aire que trasportaba el sonido del metal roído y herrumbroso desde el campanario hasta los tejados deslucidos y pintados de una humedad permanente. Poco antes de que el repicar de la campana le hiriera los oídos, sintió que la saliva se le volvía amarga. Era como si el dolor fuera abriendo territorio precedido por el sonido de la campana; como si necesitara de esta para abastecerse y así poder perseguirle.

Aceptó la señal. Aceleró el paso y cambió de dirección.

domingo, 1 de enero de 2017

Libros leídos en 2016

No sé bien como definir la lista de libros leidos en 2016. Podría decir que he acertado con algunos libros y con otros no; que me he arriesgado a leer géneros que normalmente no leo y que he prescindido de la hegemonía de los clásicos. No estoy contenta del todo con la cantidad y contenido, pero si el 2017 me lo permite intentaré compensarlo.

1. Trilogía de la fundación (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación)de Isaac Asimov.
2. El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza.
3. La guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams.
4. Largo domingo de noviazgo de Sébastien Japrisot.
5. Frankenstein de de Mary Shelley.
6. El señor de las moscas de de William Golding.
7. Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos.
8. Grandes esperanzas de Charles Dickens.
9. Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson.

Y por supuesto he releído, como viene siendo costumbre desde hace ya algunos años, Cien años de soledad.
Empiezo a dudar de si en realidad leo para hacer tiempo hasta que vuelvo a leerlo, o para convencerme a mi misma de que puedo encontrar otro libro que lo supere y me desintoxique.




viernes, 26 de agosto de 2016

Llevaba la sombra de las noches...

Llevaba la sombra de las noches a la intemperie tatuada bajo unos ojos que jamás habían visto un amigo. Llevaba todo el desprecio absorbido concentrado en el mohín de indiferencia de su boca, un gesto que lo cambiaba todo. Las luces de las farolas, de los escaparates que aguardaban al siguiente día, de los rótulos de los bares trasnochados, habían sustituido el brillo natural de su mirada. Su frente avanzaba entre el aire enviciado de los tubos de escape, la humedad del rocío de la noche, el sol de los parques de cemento, las calles que no le recordaban a nada.
Había aprendido que todo el mundo era culpable hasta que se demostrase lo contrario.

martes, 5 de julio de 2016

Todavía me pregunto...

Todavía me pregunto cuál sería aquella hora de la noche. No había nada alrededor salvo un vacío opaco y oscuro, una eternidad comparable sólo al hermetismo de un párpado que se vence a la narcosis más profunda. Parecía que nos habíamos colado en una hora intermedia, una hora vedada al ojo humano que nos había dejado entrar divertida por nuestra inconsciencia. Jamás olvidaré la cara del hombre que me acompañaba, una cara que adoptaba mil formas inconclusas y que aquella noche infinita e irrespirable se negaba a mostrarme. La tierra bajo nuestros pies cambiaba a cada paso: unas veces, los dedos se hundían en la tierra fangosa y derretida de lo que sin ninguna duda era un manglar; unos pocos pasos más allá la gravilla punzante se movía caprichosa bajo nuestros pies desnudos encendidos de dolor. Se había desatado un carrera furiosa entre el miedo que nos latía en las sienes y la velocidad de nuestros pasos, nos movíamos poseídos por una voluntad alucinada que nos guiaba cada vez más adentro de aquel sueño interminable.

martes, 12 de enero de 2016

No imaginé...

Cada latido bombea un poco más del ponzoña a través de mi cuerpo; me recorres inevitablemente, surcas cada camino, me invades silenciosamente. No puedo filtrar el aire, te has ocultado como el aliento en la niebla nocturna. Entras disfrazada como un lastre indefinido que ralentiza cada instante, que me va inmovilizando poco a poco víctima de un aroma infinito.