sábado, 5 de enero de 2019

Libros leídos en el 2018

Y eso que este año me hice una lista. Un excel y todo, que una tiene desarrollada esa parte en la que la información se ordena ya no temporalmente o en un listado sino rellenando celdas.

Breve, insuficiente, vergonzosa y en fin, el resultado de algo de tedio, desidia y lo peor de todo: dejadez.

Pero no deja de ser mi lista de libros leidos, así que allá vamos.

1. Tokio Blues de Haruki Murakami.
Creo que es la crítica más simplista de la historia, pero allá voy: demasiado japonés. No conecté en ningún momento con ninguno de los personajes, me parecían inutilizados por una parálisis emocional exasperante.

2. Así es como la pierdes de Junot Díaz.
Una aproximación de los estereotipos del varón dominicano. Entiendo. Muy interesante desde el punto de vista lingüístico, dado que está plagado de expresiones dominicanas.

3. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Rovert Louis Stevenson.
Pues lo disfruté un montón, soy muy fan de los narradores moralmente superiores que sin perder un ápice de elegancia actuan conforme a sus principios. Y el ritmo de la narración es fantástico.

4. Cinco horas con Mario de Miguel Delibes.
Pobre Mario.

5. Beloved de Toni Morrison.
Realismo mágico ambientado en el siglo XIX en el sur de los EE. UU. Hay algo carnívoro en la relación materno-filial.

Y la relectura obligatoria de Cien años de soledad, no vaya a ser. He llegado al punto de que puedo dibujar en forma de esquema conceptual el árbol genealógico de los Buendía (e Iguarán, eh).

No hago promesas que no puedo cumplir.

miércoles, 4 de julio de 2018

Libros leídos en el 2017

Nunca es tarde si la dicha es buena, ¿no?

Así que allá vamos, my way, como siempre.

2017 - qué lejano suena - no ha sido un año especialmente prolífico. 2018 tampoco va camino de serlo, la verdad. Empecé varios libros demasiado densos que requerian de una lectura consecutiva, diaria e intensa que mi mente no ha podido seguir. Pero eh, no desisto. Llegará su momento.

Así que allá va la humilde lista. Espero que esto dé un cambio, voy a poner de mi parte. Pero de momento no más bromas infinitas, detectives salvajes ni montañas mágicas:

1. Carrie de Stephen King.
Yo me identifico con Carrie. Vamos Carrie, kill them all.

2. Hijos del Nilo de Xavier Aldekoa.
Imprescindible si quiere conocerse la historia reciente de los paises bañados por el Nilo.

3. Jagannath de Karin Tidbeck.
Distinto. Interesante. Un poco nórdico.

4. La intérprete del dolor de Jhumpa Lahiri.
Recomendadisima sucesión de relatos relacionados con la India.

5. Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.
Magnífica prosa, inquietante y enigmática historia.

Voy a redimirme, lo prometo.

sábado, 20 de enero de 2018

Vaya aceptando...

Vaya aceptando las cookies mientras ve la vida pasar.

Siéntese en el sofá a esperar a que esas células mutantes malignas se empiecen a multiplicar.

Las excursiones ya no van precedidas de un tupper, ahora son a la cola de un Mcdonald’s en el centro comercial.

Elija un nicho o una tumba, un piso o una vivienda individual.

miércoles, 12 de abril de 2017

Saludó al aire...

Saludó al aire y el aire, imitando su voz, le devolvió el saludo desde un punto indefinido del mundo.

Alzó una copa imaginaria y brindó por todos los que habían fracasado.

domingo, 5 de marzo de 2017

Venía de un lugar...

Venía de un lugar en el que todo es lo que parece. El grafiti de la pared de la esquina no era el grito romántico de un pintor urbano que quería que su verdad perdurase; en los pisos de los edificios de ladrillo caravista no vivían héroes derrotados por el paso del tiempo. La luz que caía sobre los parques en las tardes de otoño era igual que la luz que caía sobre los parques en las tardes de primavera; sólo la noche detenía aquella condena de instantes consecutivos que llamamos día para crear la ilusión de un final que no existía.

jueves, 12 de enero de 2017

La campana de la iglesia tocaba a muerto

La campana de la iglesia tocaba a muerto. Una acidez borrosa cargaba el aire que trasportaba el sonido del metal roído y herrumbroso desde el campanario hasta los tejados deslucidos y pintados de una humedad permanente. Poco antes de que el repicar de la campana le hiriera los oídos, sintió que la saliva se le volvía amarga. Era como si el dolor fuera abriendo territorio precedido por el sonido de la campana; como si necesitara de esta para abastecerse y así poder perseguirle.

Aceptó la señal. Aceleró el paso y cambió de dirección.

domingo, 1 de enero de 2017

Libros leídos en 2016

No sé bien como definir la lista de libros leidos en 2016. Podría decir que he acertado con algunos libros y con otros no; que me he arriesgado a leer géneros que normalmente no leo y que he prescindido de la hegemonía de los clásicos. No estoy contenta del todo con la cantidad y contenido, pero si el 2017 me lo permite intentaré compensarlo.

1. Trilogía de la fundación (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación)de Isaac Asimov.
2. El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza.
3. La guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams.
4. Largo domingo de noviazgo de Sébastien Japrisot.
5. Frankenstein de de Mary Shelley.
6. El señor de las moscas de de William Golding.
7. Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos.
8. Grandes esperanzas de Charles Dickens.
9. Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson.

Y por supuesto he releído, como viene siendo costumbre desde hace ya algunos años, Cien años de soledad.
Empiezo a dudar de si en realidad leo para hacer tiempo hasta que vuelvo a leerlo, o para convencerme a mi misma de que puedo encontrar otro libro que lo supere y me desintoxique.




viernes, 26 de agosto de 2016

Llevaba la sombra de las noches...

Llevaba la sombra de las noches a la intemperie tatuada bajo unos ojos que jamás habían visto un amigo. Llevaba todo el desprecio absorbido concentrado en el mohín de indiferencia de su boca, un gesto que lo cambiaba todo. Las luces de las farolas, de los escaparates que aguardaban al siguiente día, de los rótulos de los bares trasnochados, habían sustituido el brillo natural de su mirada. Su frente avanzaba entre el aire enviciado de los tubos de escape, la humedad del rocío de la noche, el sol de los parques de cemento, las calles que no le recordaban a nada.
Había aprendido que todo el mundo era culpable hasta que se demostrase lo contrario.

martes, 5 de julio de 2016

Todavía me pregunto...

Todavía me pregunto cuál sería aquella hora de la noche. No había nada alrededor salvo un vacío opaco y oscuro, una eternidad comparable sólo al hermetismo de un párpado que se vence a la narcosis más profunda. Parecía que nos habíamos colado en una hora intermedia, una hora vedada al ojo humano que nos había dejado entrar divertida por nuestra inconsciencia. Jamás olvidaré la cara del hombre que me acompañaba, una cara que adoptaba mil formas inconclusas y que aquella noche infinita e irrespirable se negaba a mostrarme. La tierra bajo nuestros pies cambiaba a cada paso: unas veces, los dedos se hundían en la tierra fangosa y derretida de lo que sin ninguna duda era un manglar; unos pocos pasos más allá la gravilla punzante se movía caprichosa bajo nuestros pies desnudos encendidos de dolor. Se había desatado un carrera furiosa entre el miedo que nos latía en las sienes y la velocidad de nuestros pasos, nos movíamos poseídos por una voluntad alucinada que nos guiaba cada vez más adentro de aquel sueño interminable.

martes, 12 de enero de 2016

No imaginé...

Cada latido bombea un poco más del ponzoña a través de mi cuerpo; me recorres inevitablemente, surcas cada camino, me invades silenciosamente. No puedo filtrar el aire, te has ocultado como el aliento en la niebla nocturna. Entras disfrazada como un lastre indefinido que ralentiza cada instante, que me va inmovilizando poco a poco víctima de un aroma infinito.

viernes, 1 de enero de 2016

Libros leídos en 2015

La lista de libros de este año es completamente deliberada. Tampoco voy a negar que algunos han costado mucho (mucho) pero que los he terminado por la convicción de que merecían la pena. Y es verdad que algunos la han merecido, tanto que incluso me he emocionado. Otros incluso me han hecho pensar. Y no concibo mejor combinación que esa.

1. El nombre de la rosa de Umberto Eco.
2. El desierto de los tártaros de Dino Buzzati.
3. La señora Dalloway de Virginia Woolf.
4. Orgullo y prejuicio de Jane Austen.
5. El ruido y la furia de William Faulkner.
6. El alquimista de Paulo Coelho.
7. La historia interminable de Michael Ende.
8. Pedro Páramo de Juan Rulfo.
9. Los cuatro jinetes del apocalipsis de Blasco Ibáñez.
10. La canción de salomón de Toni Morrison.
11. Soldados de Salamina de Javier Cercas.
12. La espuma de los días de Boris Vian.
13. Eclipse del sol de Albert Lijanov.
14. 2666 del enorme Roberto Bolaño.
15. Misery de Stephen King.

Teniendo en cuenta que alguno (no voy a dar nombres) pasaba de las 1000 páginas, no está mal. La calidad no está reñida con la cantidad, dicen, pero es cierto que no ha sido uno de los años más productivos. Tampoco he arriesgado mucho con los autores, lo reconozco. Aún así, algún peñazo ha caído por el camino...

Este año comienza con La trilogía de la fundación (La fundación, Fundación e imperio y La segunda fundación) de Isaac Asimov. Un poco fuera de mi órbita, pero allá voy.

lunes, 26 de octubre de 2015

Nos hicimos

Nos hicimos perdedores por pura convicción. Recorríamos las calles vacías de un barrio olvidado con el aburrimiento como leitmotiv. No teníamos una vida interesante, ni lo iba a ser, así que qué más daba. No nos parecíamos entre nosotros en nada y en el fondo la indiferencia con la que nos enfrentábamos a todo no podía ser más igual. Tiempo, vida, amor, realización, oímos decir a alguien alguna vez, y el estómago se nos retorció al unísono. Nos acusaban de una pasividad que nos era totalmente ajena, desconocida, como si nos hablaran de un sitio en que no has estado ni quieres estar, o de alguien que no conoces y cuya vida no te interesa, o lo que es lo mismo, que nos dejaba completamente fríos. Se suponía que todo y nada tenía que enfadarnos, que el deseo de cambio tenía que haber nacido en nosotros como la sensación de hambre, que la mierda que teníamos alrededor tenía que motivarnos y empujarnos a la vida. Alguien intentaba darle sentido, le buscaba símiles, nos englobaba en cierta tendencia o le ponían nombre a lo nuestro. Nosotros no habíamos sentido nada, ni reflexionado nada, ni lo habíamos intentado. Habíamos nacido muertos.

jueves, 8 de octubre de 2015

Tenia...

Tenía quince años y su ropa emanaba un perfume de tragedia que se percibía sutilmente en cuanto te acercabas a él y que se tornaba insoportable si permanecías más de cinco minutos a su lado. Tenía quince años y su música, la música que inevitablemente define y produce cada uno de nosotros, como el ruido de una pulsera atada permanente y afectuosamente a la muñeca, o el ruido de las llaves jugueteando en el bolsillo del pantalón de tu padre, entonaba una balada desconsoladora que sonaba a himno de derrota. Había aprendido, como un animal amaestrado, los movimientos básicos para la subsistencia, una inercia que a la que se abandonaba con el más metódico de los desintereses.

Con el sol de frente, y esa irritante tensión de la piel de la frente como consecuencia de apretar los ojos para poder ver mejor, le dio una patada a una piedra. Contempló como su avance era menor del esperado, como si se hubiera rendido antes de tiempo o fuera una piedra ya vieja que ni tuviera las ganas ni la energía suficiente para aprovechar aquel impulso y cambiar su situación. No tenía ni idea de cuál era el próximo paso, el próximo movimiento o que se suponía que debía hacer a continuación.

Tenía quince años y nadie le esperaba en casa.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Un inesperado...

...ruido de cristales, provocado por la explosión súbita de un vaso inocente que había sido colocado arbitrariamente junto al fregadero, rebotó en las paredes de la cocina y recorrió velozmente el aire envenenado que se introdujo como una anguila en los orificios indefensos de su nariz. El pavor, que debió haber provocado que se incorporara violentamente en la cama, se detuvo junto a sus oídos, le susurró un verso abominable y le impulsó delicadamente una náusea que se detuvo ante la barrera esmaltada de sus dientes. La noche, que había trepado sigilosamente por su cama, se había extendido como el plomo fundido sobre las sábanas, y sólo su barbilla se encontraba al borde del denso líquido. Lamentó entonces, rendido a la parálisis, que el interruptor de la luz se encontrase en la pared exterior de aquel cuarto, y que la única manera de que la luz, la purificadora luz, emulase la seguridad con la que gobierna el día, pasara por recorrer a oscuras, completamente a ciegas y expuesto al enemigo oculto, el imposible camino que separaba el borde de su cama del remoto pulsador. Una carcajada vítrea, lúcida y atroz se deslizó a través de su boca y empapó las paredes de su cuarto, que, aquejadas de una repentina debilidad, se derrumbaron sobre su lecho.

jueves, 10 de septiembre de 2015

El suyo..

...era un sufrimiento austral, boreal. Como la luz del sol baña constantemente el globo terráqueo, el foco de su dolor, que se proyectaba en todas direcciones, se encontraba escondido bajo su pecho.
El suyo era un corazón hecho de manzana, pero no de caramelo, duro y rígido como a ella le habría gustado, sino más bien de mermelada: se descomponía con facilidad y a cada atisbo de crueldad notaba como se le derramaba inexorablemente por el pecho. Cerraba los ojos e intentaba evadir la punzada y cortar el derrame, pero la herida, si bien habría de dejar de supurar por fuerza, le dibujaba grácilmente una cicatriz invisible que sólo evidenciaba la comisura levemente caída de su sonrisa. A veces notaba como se le hinchaba el pecho, y la pequeña pieza de fruta, ahora abombada, luchaba por traspasar la piel y romper el tenue velo que le oprimía para así mostrarse al mundo: rojo, enorme, palpitante, desecho y vivo. Eran instantes de alarma, pues sabía que, si alguien descubría que en su interior ocultaba tal monstruosidad, tendría que abandonarlo a su suerte, tendría que renunciar a aquella semilla que había germinado inapropidadamente en su tórax y deambular por siempre con un simple órgano que bombeara la sangre insípida de su cuerpo.

sábado, 4 de julio de 2015

El cansancio...

...le había arrastrado hasta la pantanosa orilla de su sudorosa cama. Su cuerpo, retorcido y pesado, se hundía en los blancos médanos de sal de las sábanas que cambiaban dócilmente de forma con cada agitación de sus miembros. La noche, cómplice omnipresente, aprovechaba la impunidad con la que ejercía su reinado para cometer el mismo hurto de todos los días. Con silenciosa y mecánica calma, a cada exhalación drenaba el sueño de su cuerpo e insuflaba el vacío de sus pulmones con olvido. Aquella noche, sin embargo, un brusco despertar abortó la tarea y le obligó a saltar de la cama. Las piernas le escocían, como si un insecto le recorriese toda la piel y se la aguijoneara. Se golpeó las piernas incesablemente, casi con una determinación frenética, pero no consiguió que el dolor cesara. Anduvo a oscuras por el pasillo y se dirigió a tientas hasta la puerta. Al abrirla, pudo ver como el picor de piel, convertido ahora en un ácido vapor, salía de sus poros y se disipaba en el aire de la noche. Cuando alzó la vista, comprendió que todo aquello no era sino parte de un plan para embrujarlo, para que elevara sus ojos al cielo y dejara que una noche preñada de estrellas se le colara entre las pestañas y le dejara ciego de belleza.

Las persianas de su cuarto...

...,que habían soportado tenazmente el ataque inapeable del sol matutino, permitían pasar una luz ya vencida que dejaba la casa sumida en una queda penumbra. El ruido de las aspas del ventilador en la habitación de su hermana, que marcaba la cadencia de la vida en aquella zona de la casa, le permitía esbozar mentalmente tumbado en su cama el giro incesante de noventa grados con que el que removía la sofocante humedad que emanaban las paredes. Los breves y pesados pasos de su madre en la cocina, colocando con cuidado y timidez la vajilla recién fregada en los armarios, completaban la sinfonía cotidiana que producía la vida en la casa a aquella hora de la tarde. De haberlo sabido en aquel momento, se habría dado cuenta de que, jamás como entonces, volvería a hallar esa paz.

domingo, 28 de junio de 2015

La luz azul fluorescente...

...del pasillo se reflejó en su identificación cuando cruzó el umbral de la puerta de su despacho. El aire enviciado y casi líquido de las estancias del campamento, clausurado y exento de ventilación externa para combatir las bajas temperaturas de fuera, atravesó su nariz como la cera derretida acaricia los bordes mantecosos un cirio. Una mampara cristalina e incandescente le cubría la capa exterior del globo ocular, provocando que un destello vidrioso se adivinara en sus ojos azules inflamados de miedo.

sábado, 27 de junio de 2015

Asomar...

...la frente al abismo de tu pecho y sentir en los labios la humedad de tu marea carmesí...

sábado, 7 de marzo de 2015

Tras varios impulsos...

...en los que sólo había conseguido que las uñas se le rompieran contra las romas aristas de la tierra seca y cuarteada, los dedos, que hasta el momento no habían conseguido remover más que un poco de arenisca, cedieron al desánimo y comenzaron a entumecérsele. A medida que arañaba desesperadamente la tierra seca en busca de una conclusión, la piel se cubría de una espesa capa blanquecina y un polvo sofocante se colaba entre sus pestañas y fosas nasales. Notaba el gusto áspero del polvo seco en la boca de la garganta: la tos era inminente. Cuanto mayor era el deseo de seguir cavando la tierra, mayor resultaba la frustración por seguir cavando. Durante un instante pensó en claudicar, en admitir que la derrota era parte de la naturaleza humana y ceder ante el dolor de los nudillos ensangrentados. El clímax se había prolongado tanto que la transcendencia del momento era insoportable.